Los celos en los niños

Al hablar de los celos en los niños nos referimos a esa sensación desagradable que le produce al niño todo lo que le estorba o trata de desbaratar sus esfuerzos para mantener la posesión única de un objeto querido (ya sea persona, posesiones, posición…). Un niño presentará celos cuando otras personas, generalmente alguno de sus hermanos, poseen o comparten afectos, estimaciones o cuidados que el niño desea para sí y sólo para él.

Un niño normal tiene que aprender todo lo que se refiere al amor, y en ese aprendizaje comienza por amar sólo a los que le proporcionan placer y satisfacen sus deseos, exigiendo para él sólo todo el amor y todas las atenciones del ambiente que le rodea. Por eso, la llegada de un hermano en definitiva un rival, le facilita la sensación de creerse amenazado en sus derechos de propietario absoluto, Es decir cuando un niño está celoso, significa que se siente inseguro o amenazado, y los celos del niño, especialmente de dos a cinco años, deberán interpretarse como una forma normal de conducta, y no como una maldad. Lo más importante es convencernos de que son la causa de un verdadero sufrimiento para el niño.

El niño puede mostrar celos en cualquier situación en que se sienta o imagine el temor a perder el cariño de sus padres. Por eso, es muy frecuente que esto ocurra cuando los padres le presentan un nuevo hermanito que acaban de traer al hogar y a quien dirigen sus cuidados y atenciones pero los celos del niño no los produce el hermanito sino sus padres, más frecuentemente la madre, que le presta cuidado y cariños que él quisiera para sí mismo. El principal incentivo de las manifestaciones de conductas celosas es el deseo de manipular a la madre.

El niño piensa que han traído un intruso que viene a desposeerle de lo que él considera únicamente suyo. “Si tanto me quieren, ¿Por qué necesitan traer a otro niño a casa? Y con este razonamiento se instaurará en el niño un sentimiento de desconfianza y de duda hacia sus padres, necesitando comprobar, una y otra vez y de muy distintas maneras, que se ocupan de él como siempre y que sigue siendo el centro de todas las atenciones. Para ello utilizará una serie de maniobras intentando conseguir que le devuelvan a su situación anterior y es, precisamente con el uso de esas artimañas y fingimientos como va a decirnos el niño que algo le sucede, que precisa nuestra atención.

Los padres necesitan conocer ese sufrimiento del niño como algo natural, para poder ayudarle a superarlo, permitiéndole que no oculte sus sentimientos dejándole que se explique, sin miedos, para evitar resentimientos y temores más peligrosos después. Si no oculta sus sentimientos, tanto mejor. El niño podrá decirnos directa y sinceramente que vendamos al hermanito, que no le necesitamos, que es feo, que llora… Y los padres podrán, entonces, actuar tranquilos, llevándole a la confianza y la certeza de que tiene un lugar seguro en su corazón.

Si lo hacemos así, la flexibilidad y la adaptabilidad, facultades preciosas de los niños, le ayudarán a reequilibrar pronto su ansiedad y su desconfianza. Los celos habrán sido sencillamente una manifestación normal en la adaptación a un ambiente familiar que se ha modificado. Sin embargo. en otras ocasiones fracasa en su intento de adaptación y normalización y los celos pueden mantenerse y manifestarse de manera patológica, casi obsesiva, apoderándose de los pensamientos del niño durante mucho tiempo del día, lo que le originará comportamientos patológicos y advertiremos que el niño tiene celos porque su conducta no es la habitual en él, presentando comportamientos que pueden resultarnos sorprendentes. Así el niño puede:

  • Manifestar irritabilidad, rabietas, agresividad…. Se niega a dejar nada de lo que le pertenece. Se excita y se enfada si le dan al hermanito las cosas que, hasta ahora, sólo le pertenecían a él (su cama, sus ropas…). A veces, el resentimiento se presenta de manera más descarada y le agrede con un objeto, le pellizca, le tira del cabello, le muerde, le empuja….
  • Regresar a hábitos infantiles anteriores, ya suficientemente adquiridos. Vuelve a mojar la cama por las noches, exige que le de la comida su mamá, pide el biberón de su hermano, se defeca… Puede regresar en el lenguaje utilizando un modelo de bebé, tartamudeando o incluso manifestando un mutismo selectivo, es decir, negándose a hablar en determinadas ocasiones y hablando en otras..
  • Intentar desplazar al hermanito, despertando un nuevo interés y preocupación a la madre, para lo cual simulará molestias somáticas, vomitará, se quejará de dolores de cabeza o de tripa.. como una súplica de atención pasajera. Sin embargo, otras veces, cuando comprueba que ha fracasado en sus estrategias, estas molestias pueden hacerse más persistentes y se agravan terminando por adoptar una actitud de indiferencia, sin querer participar en nada de lo que le rodea, con cambios de humor, alejamiento, etc… que pueden desencadenar la instauración de un estado depresivo.
  • Presentar como una de las manifestaciones más frecuentes trastornos del sueño sobre todo dificultad para conciliar el sueño, deseo de que se le acompañe hasta que se duerma, exigir que se mantenga encendida la luz de la habitación, levantarse de la cama e irse a la de sus padres, pesadillas, terrores nocturnos, somniloquias.
  • Resistirse a ir a la escuela, la conocida fobia escolar, como una manifestación de la ansiedad de separación que le obliga a alejarle del ambiente familiar en donde queda su hermanito como dueño y señor de todo lo que antes era únicamente suyo, incluyendo a su madre.
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    No es que tenga miedo a entrar en la escuela. a enfrentarse al educador o a competir con los compañeros, sino la ansiedad que le produce tener que alejarse de su madre y dejar toda la atención materna a otro.

Como hemos visto, el niño con celotipia puede manifestarlo de muy distintas maneras y poco adelantaremos si dedicamos nuestros esfuerzos a mejorar únicamente el síntoma concreto. En algunas ocasiones, esa dedicación particular puede incluso rozar negativamente la situación del niño, al comprobar éste que ha conseguido lo que se proponía con sus llamadas de atención: que sus padres se preocupen de él, lo que le incitará a mantener sus quejas o volver a ellas cuando crea que su situación de privilegio está en peligro.

En definitiva, cuando un niño presente los denominados “síntomas-alarma” que hemos señalado será importante descartar primero que son la consecuencia de una situación de celos, que nos avisan de que algo más íntimo le sucede y que es la causa del sufrimiento. Y, una vez conocido lo que pasa, no caigamos en preocupaciones innecesarias y admitamos que los celos son situaciones por las que el niño debe pasar, y que pueden servirle de experiencia constructiva en el desarrollo de su conducta social, siempre que nuestra actuación sea la correcta.

Etapa en las que los celos son más críticos: Sobre los dos años, que es cuando el niño es más egocéntrico y va adquiriendo más conocimiento de su entorno y cuando más nota la pérdida de apego con la madre.

Consejos de actuación:

  • Ayudarle a fortalecer una conducta independiente.
  • Controlarle en su conducta agresiva.
  • No compararle.
  • Convencerle de que el cariño es ilimitado.
  • Favorecer las conductas solidarias.
  • Ayudarle a ver la realidad sin distorsiones.
  • Poner a su alcance un muñeco-bebé al que pueda manipular, manifestando y descargando en él sus emociones.